El quinto y más humillante de los Doce Trabajos impuestos como penitencia al héroe de la mitología griega Heracles (‘Hércules’ para los romanos) fue el de limpiar en un solo día las colosales pilas de excremento acumuladas en los establos del rey Augías.

Heracles, hijo de Zeus, lo resuelve desviando con su fuerza sobrenatural el cauce de los ríos Alfeo y Peneo hacia los sucios establos.

Miles de años más tarde, en Barranquilla se presenta la extraña coincidencia de que sus habitantes intentan deshacerse de sus basuras empleando para ello los arroyos. Aunque aquí no se trata de llevar los  arroyos hasta las pilas de basura sino de todo lo contrario: arrojar la basura a las impetuosas crecientes producidas por los aguaceros en las calles y lechos canalizados de la ciudad.

Irónicamente, así también se logra desviar el curso de estas corrientes de agua, pero los resultados no son felices como en el caso de la mitológica tarea hercúlea, sino más bien catastróficos.

“Lo más descorazonador es ver que decenas de hombres trabajan jornadas completas  durante una semana, limpiando a mano, con palas, y también con volquetas y retroexcavadoras, toda la basura arrojada por los vecinos y el sedimento acumulado, y al cabo de tres o cuatro días el arroyo parece nuevamente un basurero”, dice Gonzalo Baute, gerente del Foro Hídrico de Barranquilla. El dinero, al basurero. Baute explica que entre $1.500 y $1.800 millones del presupuesto distrital que podrían ser invertidos por esta entidad en el mantenimiento y embellecimiento de los parques deben gastarse cada año en extraer residuos sólidos arrojados a los arroyos por la indisciplinada ciudadanía, y en descolmatar sus lechos.

Con ese dinero también sería posible construir un colegio o un centro de salud en alguno de los barrios con altos índices de necesidades básicas insatisfechas. Los cuales son, precisamente, los mayores aportadores de basuras a los arroyos y los que sufren las peores consecuencias cuando estos cauces urbanos estrangulados se desbordan, sembrando destrucción, sufrimiento y muerte a su paso, dice Baute.

Más de 5.000 damnificados sufrieron las consecuencias directas de esta indiferencia ciudadana en 2012. Las indirectas —enfermedades provocadas por los focos infecciosos creados en los arroyos— son más difíciles de cuantificar.

“El trabajo pedagógico necesario aquí es de tipo generacional, porque hablamos de cambiar un patrón de conducta profundamente arraigado“, comentó Baute, advirtiendo sin embargo que esto escapa a las competencias del Foro Hídrico.

A lo que no escapa es la frustrante sensación de que el fruto del trabajo realizado en este frente puede desaparecer en un solo día, aunque ello pueda parecer tan imposible como se pensaba que lo era limpiar los establos de Augías también en un solo día.

“¿Imposible?”, pregunta Alberto Salah, asesor del Foro Hídrico. “Eso sólo lo piensan quienes no han vivido de cerca esta problemática y no conocen la capacidad de ensuciar de los barranquilleros”.

Son más de 40 mil las toneladas  de basura que se extraen cada año de los arroyos: una labor ‘de nunca acabar’, principalmente en los barrios del suroccidente. Para rematar, todos estos desperdicios, que para el hombre más rico del mundo —el ‘magnate de la basura’ mexicano Carlos Slim—, serían una jugosa fuente de ingresos, en nuestra ciudad apenas tienen un aprovechamiento incipiente por parte de cooperativas barriales de reciclaje.

La escasez de vigilancia y de sanciones garantiza la impunidad, la cual a su vez estimula  las conductas nocivas y autodestructivas.

Salah recuerda la inundación del barrio Santo Domingo, el año pasado, como una de las peores consecuencias hasta la fecha, indicando que la misma se debió al cegamiento del cauce del arroyo Las Malvinas, causado por su oclusión con basuras arrojadas por la misma comunidad. ¿Y el comparendo? Una de las herramientas para desestimular el uso indebido de los arroyos es el Comparendo Ambiental, creado en marzo pasado por el Distrito para sancionar a los infractores. Entre ellos, a los que obstruyen los arroyos, según lo ha explicado la secretaria distrital de Gobierno, Josefa Cassiani. A esta entidad y al Departamento de Medio Ambiente de Barraquilla les corresponde brindar pedagogía y mantener el control. Sin embargo, su presencia en los barrios más necesitados de la ciudad se ve limitada por motivos presupuestarios.

Por Carlos A. Sourdis Pinedo. Elheraldo.

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Acerca de kenyam B

Soy Administradora Pública.dedicada a la proyección de Políticas Públicas y desarrollo social en Municipios. Creo en la participación Ciudadana como expresión para el mejoramiento, vigilancia y control de los recursos en la administración Pública. Entiendo que los ciudadanos somos responsables del destino de nuestros pueblos, cuando no tomamos conciencia en la elección de nuestros representantes ante cualquier cargo de elección popular.

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