NO violencia

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“Condenamos todos los hechos de violencia contra la mujer y esperamos que casos como el de Rosa Elvira no queden en la impunidad”, Tom. Tiempo. Rosa Elvira Cely nació en Bogotá hace 35 años. Tenía una hija de 12, que cursa sexto grado de bachillerato en un colegio de Teusaquillo. (Lea: Dos posibles agresores de Rosa Elvira Cely ya fueron identificados).

Desde marzo vendía minutos de celular a 200 pesos, al frente de la entrada peatonal del Hospital Militar. Por esta labor, Guillermo Aguilar, el dueño del puesto, le pagaba 25.000 pesos diarios.

Con ese dinero costeaba sus estudios de validación del bachillerato en el Instituto Manuela Beltrán, en la calle 57 con Caracas, y los 120.000 pesos mensuales del arriendo de la habitación en la que vivía, en Galerías.

Según el vendedor, “no era una mujer de rumbas y llegaba al trabajo a las 8 de la mañana y se iba a las 5 de la tarde a estudiar”.

Claudia Aldana recuerda que el sueño de su amiga era ser psicóloga. “Era una mujer que siempre quería superarse”, agregó. (Lea también: Colegio donde estudiaba Rosa Cely pagará la educación de su hija)

Fanny, empleada del restaurante Don Tito, cerca donde laboraba, recuerda que Rosa solía pedir al mediodía un plato de sopa para calmar el hambre y, de paso, cambiar sus monedas.

“Me siento consternada. A las mujeres hay que valorarlas”, dijo Doris Vergara, rectora del Manuela Beltrán, donde Rosa cursaba el grado décimo. Allí la recuerdan como una de las alumnas más colaboradoras.

La noticia de la brutal forma cómo encontró la muerte ha consternado al país. “Condenamos todos los hechos de violencia contra la mujer y esperamos que casos como el de Rosa Elvira no queden en la impunidad”, escribrió el presidente Juan Manuel Santos en su cuenta de Twitter.

Las últimas horas con vida de Rosa fueron detalladas por el general Luis Eduardo Martínez, comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, quien señaló que Rosa Elvira se comunicó, entre las 4:20 y las 4:30 de la mañana, con la línea de emergencias 123 para pedir auxilio. La mujer alcanzó a dar las identidades de sus asesinos.

En la comunicación, un uniformado le preguntó por el sitio donde se encontraba. Ella, desorientada, respondió que escuchaba el ruido de un río. Con esta pista, patrullas adscritas a la Policía de las localidades de Santa Fe y Chapinero iniciaron un rastreo por el parque Nacional, más exactamente por el canal del río Arzobispo.

Publicado con WordPress para BlackBerry.

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Acerca de kenyam B

Soy Administradora Pública.dedicada a la proyección de Políticas Públicas y desarrollo social en Municipios. Creo en la participación Ciudadana como expresión para el mejoramiento, vigilancia y control de los recursos en la administración Pública. Entiendo que los ciudadanos somos responsables del destino de nuestros pueblos, cuando no tomamos conciencia en la elección de nuestros representantes ante cualquier cargo de elección popular.

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