ONG Oceana denuncia el daño que buques producen en los mares
Los buques de Royal Caribbean cuentan con tecnologías que minimizan el impacto ambiental.

Un crucero puede generar cada día cerca de 1.000 toneladas de diferentes residuos tóxicos.

Además de los 30 muertos y los dos desaparecidos que dejó el accidente del crucero Costa Concordia, el pasado 13 de enero en aguas del mar Tirreno frente a la isla italiana de Giglio, este publicitado siniestro pudo haber ocasionado un desastre ambiental de enormes proporciones.

Más de 100 personas trabajaron en la extracción de las 2.300 toneladas de combustible del buque, que amenazaban con derramarse en aguas italianas, en medio de un complejo operativo que terminó, apenas, el pasado 24 de marzo.

El Costa Concordia sigue encallado. Su remoción definitiva tardará 10 meses más: no es fácil mover el barco más grande construido en Italia, una ‘ciudad flotante’ de 145.000 toneladas.

Lo sucedido con este buque encendió un debate sobre un tema que se ha tratado poco: el impacto ambiental que producen los cruceros sobre los mares.

La ONG ambientalista Oceana, basada en estudios técnicos, afirma que un crucero produce el mismo efecto sobre el mar que una ciudad de 5.000 habitantes y que al año estos barcos vierten 18 toneladas de residuos sin ningún tipo de tratamiento.

A bordo de estos buques suele haber piscinas, teatros, restaurantes, tiendas, saunas, muros de escalada y todo lo que un turista puede desear durante su estancia en un hotel flotante, comenta esta ONG. Y todas esas actividades generan cientos de toneladas de residuos de todo tipo, que, en parte, son vertidas a los mares.

Al día, uno de estos barcos puede llegar a soltar unos 70.000 litros de aguas de lastre (usadas en depósitos para garantizar estabilidad).

Estos líquidos, que transportan cerca de 7.000 especies marinas en sus recorridos de un lado a otro del planeta, pueden descargar especies invasoras, bacterias y patógenos al ser devueltas al mar.

También se calcula que un crucero puede generar cada día cerca de 1.000 toneladas de diferentes residuos (aguas grises y negras, aceites usados, basura y residuos tóxicos).

Parte de los desechos son tratados a bordo y otros son descargados en los puertos, que no siempre cuentan con sistemas de tratamiento de basuras; es decir, también hay contaminación en tierra.

El consumo de combustible de un crucero es equivalente al de 12.000 vehículos, con el agravante de que el tipo de carburante utilizado, en la mayoría de estos buques, es 50 veces más tóxico que el normal.

Sin embargo -aclara esta ONG-, algunas naves funcionan con turbinas de gas que reducen las emisiones en un 90 por ciento. Asimismo, reconoce el esfuerzo por reducir el impacto que han venido adelantando las más importantes navieras y aclara que no todas son contaminantes.

El gran problema consiste en que la legislación marítima vigente está enfocada en el transporte de mercancías y no de pasajeros.

“La legislación marítima es muy floja y, además, no existe una legislación específica sobre el impacto ambiental de estas embarcaciones”, le explicó a EL TIEMPO Ricardo Aguilar, director de investigación de Oceana en España, al afirmar que las leyes se limitan a que el vertido de líquidos se pueda hacer a una distancia que va de 3 a 24 millas de las costas (de 5,4 a 43,8 kilómetros). En muchos lugares -afirma-, los residuos son arrojados sin ningún tratamiento porque no se exige que sea de otra manera.

Los buenos ejemplos

Clia (Asociación Internacional de Líneas de Cruceros) es la organización más grande de esta industria en el mundo. Está compuesta por 26 compañías, entre las que figuran algunas de las más conocidas, como Royal Caribbean, Carnival, Costa, Cunard, Disney, Silver Sea y Norwegian. La entidad asegura que se han fortalecido los sistemas para reducir el impacto ambiental.

Los barcos que viajan regularmente en itinerarios más allá de las aguas territoriales de los Estados Unidos han acordado que las aguas grises deben ser descargadas solamente cuando el barco se esté desplazando a una velocidad no menor a 6 nudos (11,1 kilómetros por hora). Este procedimiento tiene que efectuarse a una distancia mínima de 4 millas náuticas (7,3 kilómetros) de la costa. Las aguas negras son procesadas mediante un dispositivo de servicios sanitarios certificado.

Un ejemplo en innovación lo da MSC Cruceros, que ha recibido el certificado Seis Perlas Doradas, de Bureau Veritas, por su compromiso ambiental.

El MSC Divina cuenta con un sistema de ósmosis inversa para la producción de agua dulce, que requiere un 40 por ciento menos de energía.

Otra empresa que adelanta políticas ‘verdes’ es Royal Caribbean, que en el Oasis of the Seas mejoró el diseño del casco y su pintura para que el avance sea más fluido y de esta manera se emplee menos energía, lo que a su vez reduce la emisión de gases.

Además, cuatro barcos de la clase Radiance de Royal Caribbean y otros cuatro de la clase Millenium de Celebrity Cruises están equipados con motores que no producen humo.

Esta línea de cruceros afirma haber alcanzado mayor eficiencia en sus sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado gracias a la instalación, en todas las naves de la flota, de láminas que las protegen de los rayos solares, de tal manera que el barco permanece más frío y se reduce el uso de aire acondicionado.

Dos propuestas

De la ONG ambientalista oceana

Oceana propone limitar el número de cruceros y establecer zonas de reserva por donde no podrían transitar. Por su parte, Iván Rey, decano de Biología Marina de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, estima que no es solo un asunto de los cruceros. Según él, los barcos petroleros o camaroneros también van soltando restos de combustibles y representan un riesgo de contaminación. Lo que más le preocupa a este experto son las aguas de lastre, que descargan fauna extraña en los ecosistemas locales.

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Acerca de kenyam B

Soy Administradora Pública.dedicada a la proyección de Políticas Públicas y desarrollo social en Municipios. Creo en la participación Ciudadana como expresión para el mejoramiento, vigilancia y control de los recursos en la administración Pública. Entiendo que los ciudadanos somos responsables del destino de nuestros pueblos, cuando no tomamos conciencia en la elección de nuestros representantes ante cualquier cargo de elección popular.

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