El Día del periodista recuerda el miércoles 9 de febrero de 1791, cuando circuló el Papel Periódico de la ciudad de Santafé de Bogotá, primer semanario en la historia de Colombia, fundado y redactado por don Manuel del Socorro Rodríguez.

Antes, en 1785, se publicó un boletín sin nombre y sin fecha que se ganó el título de su destacada noticia: Aviso del terremoto. Informaba con detalles del temblor del 12 de julio (“a las 7 y tres cuartos de la mañana”, “dos minutos”). Se conocen dos números más. Lo sucedió la Gazeta de Santafé de Bogotá del 31 de agosto siguiente que alcanzó otras dos ediciones y constituyen felices preludios de nuestro periodismo.

Rodríguez, excarpintero de familia, nació en Bayamo, Cuba, el 15 de abril de 1756 y llegó a Santafé con el virrey José de Ezpeleta (1789-1796), exgobernador de La Habana, quien lo trajo impresionado por su inteligencia y lo nombró director de la Biblioteca Nacional. En ese cargo inauguró el periodismo en Colombia.

La Ley 918 de 2004 pretendió trasladar el Día del periodista para el 4 de agosto, en frustrado homenaje al Prócer Antonio Nariño. También la Ley 586 de 2000 instituyó el Día de la Libertad de Expresión el 13 de agosto. Pero con ley o sin ley esa fiesta se celebra en Colombia desde hace más de 100 años el 9 de febrero.

Del Papel Periódico se hicieron 265 ediciones, las últimas en la misma Imprenta Patriótica que irradió la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, traducida y publicada por Nariño el 15 de diciembre de 1793 en la cerrada sociedad colonial. Rodríguez volvió con El Redactor Americano (1806) y El Alternativo al Redactor Americano (suplemento literario), quincenarios que se convirtieron de ese modo en un semanario.

Alrededor de Rodríguez se creó creo una cofradía intelectual, la famosa “Tertulia Eutropélica”, en la cual brillaron muchos de los patriotas que luego libraron la lucha por la Independencia, incluido Nariño, Francisco Antonio Zea, Francisco José de Caldas y el propio José Celestino Mutis.

Por eso y mucho más no tiene cabida la censura gratuita de burócrata realista. El 17 de agosto de 1810, animado por los sentimientos de Independencia que afloraban en Santafé, reaparece como redactor de La Constitución Feliz, periódico oficial de la Junta Suprema, que recoge las incidencias de la gesta emancipadora y en especial de ese viernes 20 de julio.

La crítica del historiador Otero Muñoz de que don Manuel no era el hombre apropiado para levantar el entusiasmo necesario entre los santafereños, es infundada. Al contrario, habla muy bien del periodista que por principio debe ser objetivo e imparcial. Si el ambiente natural del heroísmo es la guerra, como dice Oriana Fallaci, no tiene derecho a hablar de pusilánimes el que no ha estado en el combate.

El patriotismo se puso a prueba el 9 de febrero de 1813, siempre al lado del Precursor, cuando las tropas federales se acercaban a Bogotá para confrontar al gobierno centralista de Nariño, aunque no fuera tomado muy en serio, según la versión de Vergara y Vergara: “Cuando acampaba Baraya frente a la ciudad, y en ésta se prevenían para la batalla, don Manuel del Socorro Rodríguez elevó al gobierno un memorial en que manifestaba que amando con todo su corazón esa patria adoptiva para él, le dolía ver que iba a correr la sangre de sus hijos en una batalla fratricida: que para que este sacrificio se ahorrara, se ofrecía él como campeón de Santafé para lidiar cuerpo a cuerpo con Baraya. El secretario de Relaciones Exteriores, don Felipe de Vergara, sustanció el memorial así: “admítese el desafío que propone este nuevo púgil, pero con la condición de que en la lucha no ha de haber zancadilla” (Gustavo Otero Muñoz, en El Periodismo en Colombia, 1925, p. 163).

Versión similar cuenta Groot, a propósito del llamamiento a las armas del Precursor a los hombres de 15 a 45 años. ¿Quién llegó?: “Don Manuel del Socorro Rodríguez, el bibliotecario, hombre de avanzada edad, de carácter cándido y bondadoso, especie de anacoreta literario que vivía solo, en las salas de la Biblioteca. Antes de esta emergencia se había excusado de admitir cierto destino por sus achaques y enfermedades, y ahora decía: “Puedo no obstante servir en la custodia militar de la ciudad en el destino que se me diere. Para este efecto hago presente a V. E. que no teniendo más que mi ordinaria espada de ceremonia, y siendo ésta insuficiente para un servicio activo de tanta consideración, necesito estar prevenido y forniturado con fusil, cartuchera y sable de munición, y al mismo tiempo recibido en clase de soldado raso, bien sea en el cuerpo de patriotas o en el que dispusiere V.E., asegurando, como hombre de honor, que defenderé el sitio o comisión que se me confiare, hasta sacrificar mi vida por el gobierno y por la patria. En cuya atención suplico a S. E. colocarme en la ocupación que fuere más ardua y peligrosa, con tal de que sea dentro de la ciudad, para estar en todo caso expedito al celo de la biblioteca confiada a mi cuidado bajo el juramento de responsabilidad” (José Manuel Groot, 1953, Tomo III, p. 216-217).

Durante la sangrienta reconquista española lo salvó el retrato del desagradable rey Fernando VII que colgaba en una pared de la Biblioteca Nacional.

Don Manuel murió literalmente en la pobreza absoluta y en olor de santidad, según la sentida versión. Un día de fines de 1819 o principios de 1820 fue encontrado muerto, con el hábito de San Francisco de Asís, la cabeza apoyada en una piedra por almohada y un rústico crucifijo de caña en la mano. Moría el padre del periodismo colombiano. Jaime Horta Díaz

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Acerca de kenyam B

Soy Administradora Pública.dedicada a la proyección de Políticas Públicas y desarrollo social en Municipios. Creo en la participación Ciudadana como expresión para el mejoramiento, vigilancia y control de los recursos en la administración Pública. Entiendo que los ciudadanos somos responsables del destino de nuestros pueblos, cuando no tomamos conciencia en la elección de nuestros representantes ante cualquier cargo de elección popular.

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