De las lecturas que aparecen publicadas despues de la muerte de Cano, me llamo la atención la historia del hombre que era Guillermo León Sáenz Vargas, después llamado Alfonso Cano, quien a diferencia de otros guerrilleros que crecieron en el campo y con poca preparación, se caracterizó por su formación intelectual e ideológica que le ayudó a tomar posición  en el grupo guerrillero.

Cano nació el 22 de julio de 1948 en Bogotá, nombrado sucesor de Manuel Marulanda, Guillermo Sáenz era originario de una familia de clase media alta de la Capital de La República, hijo de una pedagoga y un agrónomo.

En el año de 1968, ingresó a la Universidad Nacional de Colombia, donde estudió Antropología. Allí se inició en el pensamiento revolucionario, influenciado por el auge la Revolución Cubana y sucesos como el de mayo del 68. En ese mismo año, también fundaronen Colombia grupos insurgentes como las FARC y el ELN.

En el claustro universitariio, inició a hacer líder de las Juventudes Comunistas (JUCO) brazo juvenil del Partido Comunista Colombiano. Cano intercaló, durante los años 1974 y 1980, su actividad académica con actividades clandestinas dentro de dicha organización.

A finales de la década de 1970, en la ciudad de Bogotá, fue detenido por encabezar actividades de protesta, pero posteriormente fue dejado en libertad y sus compañeros de la JUCO planearon enviarlo a Moscú. Sin embargo, Sáenz prefirió tomar el camino de las armas y entró a hace parte de las FARC,  renunció a su mujer y a su hijo para ‘enmontarse’ con las Farc.

El nuevo rumbo del universitario fiestero que dejaba ver nostalgias cuando sonaban Los Chalchaleros con su Zamba de la esperanza había sido ya presentido por el cineasta Lisandro Duque. Fue un día que se lo encontró, después de siete años sin saber de él, en una cafetería de los juzgados de Paloquemao.

Hablaron de sus mujeres, los hijos y la película El Escarabajo, que por esos días rondaba a Lisandro. No más. En una especie de pacto tácito, el uno no preguntó y el otro seguramente agradeció. El cineasta -que entre el 69 y el 70 compartió con Guillermo León la dirección regional de la Juco- lo sabía convencido de que “la forma superior de lucha era la armada”. Una convicción que, cree, se le convirtió en reto grande porque “Guillermo, distinto a Carlos Pizarro (jefe del M-19), que compraba peleas, era un conciliador”.

Con el ex gobernador de Nariño Eduardo Zúñiga y otros tres estudiantes le pagaban clases extras al profesor Hernando Llanos. “Para que nos explicara cosas que no aprendíamos satisfactoriamente en la universidad, sobre todo las teorías de Hegel y Marx”, cuenta el ex mandatario. Al lado de él se enroló en la Juco, pero pronto se decepcionó.

Al de nombre Guillermo León, en cambio, no le bajaron la caña ni los carcelazos que se ganó como parte del movimiento estudiantil. Llegó a pasar seis meses en la Cárcel Distrital, a comienzos de los 70, al lado de otros líderes universitarios como el hoy empresario Morris Ackerman. Allá los mandó el alcalde de Bogotá Aníbal Fernández de Soto. “A Guillermo no lo descomponía el encierro. Aprovechaba para estudiar. Estudiamos como locos, leímos bibliotecas enteras”, recuerda el empresario.

De los que anduvieron con el guerrillero cuando él era Guillermo León, iban con él a cine al teatro Ópera, o lo acompañaban en las rumbas en la sede de la Juco o en cualquier apartamento, pocos quieren hablar. Y más pocos lo hacen dando la cara. Alguien negó conocerlo y otra llegó a mencionar la palabra “miedo”.

No decían si temían a que alguien los persiguiera por haber sido cercanos al abatido jefe de las Farc, o si le temían a él. A que se hubiera esfumado el hombre cálido que conocieron al lado de sus papás y cuatro hermanos en el exclusivo barrio Santa Bárbara, de Bogotá, que se ponía feliz cuando su mamá lo consentía con el jugo de curuba y leche condensada, que le encantaba.

tuvo hasta intercambios con empresarios del Sindicato Antioqueño y de los grupos Ardila Lulle y Santo Domingo a través de Ákerman.

“En esos intercambios ‘Alfonso Cano’ aceptó que el país era posible sin eliminar la propiedad privada”, destaca el empresario.

En el Caguán, solo dos momentos notorios tuvo el jefe guerrillero. Cuando dio la cara para lanzar el Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, y cuando presentó ante una veintena de embajadores un plan para sustituir cultivos de hoja de coca, comenzando por Cartagena del Chairá, la población caqueteña donde las Farc se emparentaron con la droga. ‘Cano’ habló de legalizarla y de invertir en prevención de consumo lo que se gastaba en perseguirla. De nuevo su papel, aunque no tan protagónico como en Caracas y Tlaxcala, se centró en lo que sabía hacer desde la Nacional: organizar grupos y poner ideas.

Fueron 33 años en la selva sin que pasara nada de lo que soñó como revolucionario. Según cuándo ‘Alfonso Cano’ llegó a la comandancia de la Farc,

ya no estaban en sus caminos ni el amigo que ha hecho varias películas, ni el ex compañero de celda que se convirtió en empresario, ni el que gobernó un departamento.

COLOMBIA MERECE LA PAZ, BENDICIONES PARA NUESTRA PATRIA

 

 

 

 

 

Anuncios

Acerca de kenyam B

Soy Administradora Pública.dedicada a la proyección de Políticas Públicas y desarrollo social en Municipios. Creo en la participación Ciudadana como expresión para el mejoramiento, vigilancia y control de los recursos en la administración Pública. Entiendo que los ciudadanos somos responsables del destino de nuestros pueblos, cuando no tomamos conciencia en la elección de nuestros representantes ante cualquier cargo de elección popular.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s